Art of War Annotated
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- Idioma
- Inglés
- Publicación
- 2020
- Editorial
- Independently Published
- Páginas
- 218
- ISBN
- 9798581266700
Profundice en los principios fundamentales del poder y el conflicto con esta edición combinada de las dos obras fundamentales de Nicolás Maquiavelo, *El arte de la guerra* y *El príncipe*, presentadas como parte de la serie The Tudor Translations. Este volumen ofrece versiones históricas en inglés, como la traducción de Peter Whitehorne de *El arte de la guerra* de 1560 y la traducción de Edward Dacres de *El Príncipe* de 1640.
*El Príncipe* sirve de guía del siglo XVI para líderes autoritarios, pues detalla estrategias pragmáticas para adquirir, mantener y defender el poder estatal, y a menudo aboga por acciones que prioricen la estabilidad y el control por encima de la moralidad convencional. Junto con ella, *El arte de la guerra* de Maquiavelo ofrece un análisis renacentista del combate militar, haciendo hincapié en la organización del ejército, la disciplina y la búsqueda estratégica de la victoria. En conjunto, estos textos ofrecen un examen directo del liderazgo y las realidades del gobierno y la guerra tal como los concibió uno de los pensadores políticos más influyentes de la civilización occidental.
*El Príncipe* sirve de guía del siglo XVI para líderes autoritarios, pues detalla estrategias pragmáticas para adquirir, mantener y defender el poder estatal, y a menudo aboga por acciones que prioricen la estabilidad y el control por encima de la moralidad convencional. Junto con ella, *El arte de la guerra* de Maquiavelo ofrece un análisis renacentista del combate militar, haciendo hincapié en la organización del ejército, la disciplina y la búsqueda estratégica de la victoria. En conjunto, estos textos ofrecen un examen directo del liderazgo y las realidades del gobierno y la guerra tal como los concibió uno de los pensadores políticos más influyentes de la civilización occidental.
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Edición original
The Art of War : The Prince (Tudor Translations)Publicado originalmente en 1960 Inglés Ams Pr Inc
Otras ediciones (118)
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Gobernar un principado, especialmente uno nuevo, es enfrentarse a las inflexibles realidades del poder, ya que los hombres son intrínsecamente infieles y están impulsados por el interés propio. Tú, el príncipe, debes entender esta verdad, no como lo haría un idealista, sino como alguien que navega por las traicioneras corrientes del mundo tal como es. Tu tarea principal es proteger y mantener tu estado, ya que sin él, todas las demás virtudes no son más que sombras fugaces. No basta con heredar el poder; debes poseer la *virtù* (la fuerza, la habilidad y la determinación) para apoderarte de él y retenerlo, adaptándote a los caprichos de la *fortuna* con astucia y previsión.
Considera, pues, la naturaleza de tu reputación entre tus súbditos. Si bien es encomiable que se nos considere generosos, misericordiosos y piadosos, nunca debéis permitir que estas cualidades socaven vuestra autoridad. De hecho, es mucho más seguro que te teman que que te amen, si no puedes ser ambas cosas. Los hombres, por ser ingratos e inconstantes, rompen los lazos del amor cuando les conviene, pero el miedo, frenado por el temor al castigo, nunca los abandona. Sin embargo, ejerza este miedo con prudencia; evite el odio a toda costa, porque un príncipe odiado, aunque sea temido, invita a la conspiración y a la ruina. Aparenta ser siempre un hombre íntegro, compasivo y de fe, pero posee la disposición de hacer lo contrario cuando la necesidad lo exige.
El camino para preservar el estado a menudo se aparta de la moralidad convencional. Descubrirás que ciertas acciones, consideradas vicios en la vida privada, se convierten en virtudes necesarias para un gobernante, mientras que algunas supuestas virtudes solo conducen a la ruina. Por lo tanto, debes estar preparado para actuar «desafiando la buena fe, la caridad, la bondad y la religión» cuando la seguridad de tu estado esté en juego. Los fines, que son la seguridad y la estabilidad de vuestro reino, justificarán los medios empleados. Sé rápido y decisivo ante cualquier acto de crueldad que consideres esencial, ejecutándolos todos a la vez, para que tus súbditos olviden su aguijón y puedas obtener su buena voluntad a través de beneficios.
Ningún estado puede sostenerse sobre las arenas movedizas de un gobierno débil; sus cimientos deben ser buenas leyes y buenas armas. Y de estas dos, las buenas armas son las más cruciales, ya que sin ellas no se pueden hacer cumplir las buenas leyes. Es una verdad fundamental que la principal preocupación y estudio de un príncipe debe ser el arte de la guerra. Incluso en tiempos de paz, debes prepararte para el conflicto, entrenar a tus soldados, estudiar historia militar y familiarizarte con el terreno, tanto de tu propio territorio como del de tus posibles enemigos. No cumplir con este deber es provocar el desastre, pues un príncipe que no esté capacitado para la guerra no puede ganarse el respeto de sus soldados ni defender a su estado de la agresión.
La propia fuerza de tu ejército dicta la solidez de tu gobierno. No confíes en los mercenarios, que son desunidos, ambiciosos y sin lealtad, solo sirven a cambio de dinero y huyen ante un verdadero peligro. Su falta de disciplina y devoción los hace inútiles en la defensa y peligrosos cuando están en paz. En vez de eso, construye tu ejército con tus propios ciudadanos, hombres que luchan por su tierra natal, sus familias y su propio bienestar. Estos ciudadanos-soldados, unidos por el patriotismo y por la prosperidad del estado, demostrarán ser mucho más confiables y formidables que cualquier fuerza contratada.
Emule a los antiguos, en particular a los romanos, en su organización y disciplina militares. Inculca a tus tropas un régimen de entrenamiento riguroso para que sea más difícil que cualquier batalla a la que se enfrenten. Enséñales a luchar como una unidad cohesionada, a confiar en el hombre que está a su lado y a moverse con precisión en lugar de con una furia caótica. Comprende la importancia de las distintas formaciones, el uso estratégico del terreno y el poder del engaño para lograr la sorpresa. Recompensa el valor y castiga la cobardía públicamente, ya que estos actos dan forma al espíritu de tu ejército.
El arte de la guerra, entonces, no es simplemente un conjunto de tácticas, sino una profunda extensión de la voluntad política. Es mediante el poderío militar que un príncipe adquiere y asegura su dominio, y es mediante un gobierno sensato de este ejército que mantiene el orden interno y el respeto externo. La relación entre la disciplina militar y el bienestar social es simbiótica; un ejército bien ordenado refleja y refuerza un estado bien ordenado.
En última instancia, el sagaz príncipe comprende que la preservación y la gloria de su estado exigen un compromiso constante y pragmático con las realidades políticas y militares. Debe ser un león para asustar a los lobos y un zorro para reconocer las trampas. Al dominar tanto la intrincada danza del arte de gobernar como las brutales necesidades de la guerra, se asegura no solo su propia supervivencia, sino también la prosperidad duradera de su principado.
Considera, pues, la naturaleza de tu reputación entre tus súbditos. Si bien es encomiable que se nos considere generosos, misericordiosos y piadosos, nunca debéis permitir que estas cualidades socaven vuestra autoridad. De hecho, es mucho más seguro que te teman que que te amen, si no puedes ser ambas cosas. Los hombres, por ser ingratos e inconstantes, rompen los lazos del amor cuando les conviene, pero el miedo, frenado por el temor al castigo, nunca los abandona. Sin embargo, ejerza este miedo con prudencia; evite el odio a toda costa, porque un príncipe odiado, aunque sea temido, invita a la conspiración y a la ruina. Aparenta ser siempre un hombre íntegro, compasivo y de fe, pero posee la disposición de hacer lo contrario cuando la necesidad lo exige.
El camino para preservar el estado a menudo se aparta de la moralidad convencional. Descubrirás que ciertas acciones, consideradas vicios en la vida privada, se convierten en virtudes necesarias para un gobernante, mientras que algunas supuestas virtudes solo conducen a la ruina. Por lo tanto, debes estar preparado para actuar «desafiando la buena fe, la caridad, la bondad y la religión» cuando la seguridad de tu estado esté en juego. Los fines, que son la seguridad y la estabilidad de vuestro reino, justificarán los medios empleados. Sé rápido y decisivo ante cualquier acto de crueldad que consideres esencial, ejecutándolos todos a la vez, para que tus súbditos olviden su aguijón y puedas obtener su buena voluntad a través de beneficios.
Ningún estado puede sostenerse sobre las arenas movedizas de un gobierno débil; sus cimientos deben ser buenas leyes y buenas armas. Y de estas dos, las buenas armas son las más cruciales, ya que sin ellas no se pueden hacer cumplir las buenas leyes. Es una verdad fundamental que la principal preocupación y estudio de un príncipe debe ser el arte de la guerra. Incluso en tiempos de paz, debes prepararte para el conflicto, entrenar a tus soldados, estudiar historia militar y familiarizarte con el terreno, tanto de tu propio territorio como del de tus posibles enemigos. No cumplir con este deber es provocar el desastre, pues un príncipe que no esté capacitado para la guerra no puede ganarse el respeto de sus soldados ni defender a su estado de la agresión.
La propia fuerza de tu ejército dicta la solidez de tu gobierno. No confíes en los mercenarios, que son desunidos, ambiciosos y sin lealtad, solo sirven a cambio de dinero y huyen ante un verdadero peligro. Su falta de disciplina y devoción los hace inútiles en la defensa y peligrosos cuando están en paz. En vez de eso, construye tu ejército con tus propios ciudadanos, hombres que luchan por su tierra natal, sus familias y su propio bienestar. Estos ciudadanos-soldados, unidos por el patriotismo y por la prosperidad del estado, demostrarán ser mucho más confiables y formidables que cualquier fuerza contratada.
Emule a los antiguos, en particular a los romanos, en su organización y disciplina militares. Inculca a tus tropas un régimen de entrenamiento riguroso para que sea más difícil que cualquier batalla a la que se enfrenten. Enséñales a luchar como una unidad cohesionada, a confiar en el hombre que está a su lado y a moverse con precisión en lugar de con una furia caótica. Comprende la importancia de las distintas formaciones, el uso estratégico del terreno y el poder del engaño para lograr la sorpresa. Recompensa el valor y castiga la cobardía públicamente, ya que estos actos dan forma al espíritu de tu ejército.
El arte de la guerra, entonces, no es simplemente un conjunto de tácticas, sino una profunda extensión de la voluntad política. Es mediante el poderío militar que un príncipe adquiere y asegura su dominio, y es mediante un gobierno sensato de este ejército que mantiene el orden interno y el respeto externo. La relación entre la disciplina militar y el bienestar social es simbiótica; un ejército bien ordenado refleja y refuerza un estado bien ordenado.
En última instancia, el sagaz príncipe comprende que la preservación y la gloria de su estado exigen un compromiso constante y pragmático con las realidades políticas y militares. Debe ser un león para asustar a los lobos y un zorro para reconocer las trampas. Al dominar tanto la intrincada danza del arte de gobernar como las brutales necesidades de la guerra, se asegura no solo su propia supervivencia, sino también la prosperidad duradera de su principado.
Lo que dicen otros lectores
Lo bueno
Las reseñas destacan «El arte de la guerra» como una guía práctica y meticulosamente detallada sobre la estrategia, la organización y el liderazgo militares. Los lectores elogian su amplia cobertura, que se basa ampliamente en ejemplos de la antigua Roma y la Grecia para describir enfoques eficaces para el reclutamiento, el entrenamiento, la logística, las formaciones y la defensa del ejército. El libro es elogiado por hacer hincapié en la inteligencia, la astucia y la disciplina por encima de la fuerza bruta, y por ofrecer ideas sobre la percepción, la dinámica del poder e incluso la utilidad estratégica de ser temido en vez de ser amado. Muchos consideran que sus principios son atemporales y aplicables no solo a la guerra sino también a aspectos más amplios de la vida y la toma de decisiones, y aprecian sus conexiones con la naturaleza humana y la filosofía política. Se considera un texto fundamental para comprender la evolución del pensamiento militar occidental y la importancia de una milicia ciudadana bien ordenada y dedicada al estado.
Lo malo
A pesar de su importancia histórica, muchos lectores consideran que «El arte de la guerra» es una lectura tediosa y árida. Entre las críticas más habituales se encuentran las extensas y a menudo anticuadas descripciones de las formaciones y tácticas militares, que pueden resultar repetitivas y demasiado detalladas para el público moderno. El formato del diálogo socrático, si bien es distintivo, se cita con frecuencia porque contribuye a la falta de carácter o ingenio atractivos, lo que resulta en un estilo de escritura plano que no está a la altura de otras obras más conocidas del autor, como «El Príncipe». Algunos críticos también destacan su atractivo especializado, sugiriendo que se lee más como un libro de texto histórico que como un tratado filosófico universalmente atractivo, especialmente si se compara desfavorablemente con «El arte de la guerra» de Sun Tzu por su aparente falta de profundidad filosófica más amplia o de aforismos atemporales. Para algunos, el contenido, aunque históricamente práctico, parece anticuado y la información puede no ser nueva.
En resumen
En última instancia, «El arte de la guerra» se erige como una obra de importancia histórica, que proporciona un plan detallado para la organización y la estrategia militares basado en las interpretaciones renacentistas de las prácticas antiguas. Si bien su profundidad y sus descripciones tácticas específicas pueden resultar un desafío para los lectores en general, tiene un valor considerable para quienes tienen un gran interés en la historia militar, la evolución de la guerra occidental o para los estudiantes de ciencias políticas que estudian textos fundamentales. Los lectores que busquen una guía práctica sobre la logística militar detallada, el mando y la aplicación estratégica de la astucia y la disciplina la encontrarán perspicaz, especialmente si aprecian su énfasis en la milicia ciudadana y en la interconexión de la vida militar y civil. Sin embargo, aquellos que esperan la profundidad filosófica o el estilo narrativo cautivador de «El príncipe» de Maquiavelo o un enfoque amplio y aforístico como «El arte de la guerra» de Sun Tzu pueden encontrar esta obra en particular menos atractiva.
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