Beneath the trees where nobody sees
- Idioma
- Francés
- Publicación
- 2025
- Editorial
- Ankama éditions
- Páginas
- 160
- ISBN
- 9791033530435
Temas
En el pintoresco e idílico pueblo de Woodbrook, donde los animales antropomórficos viven en armonía y el aroma a cedro y tarta de manzana inunda el aire, reside Samantha Strong. Es una osa parda muy querida, la simpática propietaria de la ferretería local y un pilar de su unida comunidad. Todo el mundo conoce a Sam, y a todo el mundo le cae bien, considerándola nada más que una vecina amable y fiable.
Sin embargo, bajo esta encantadora fachada, Sam esconde un oscuro secreto: es una asesina en serie meticulosa y de sangre fría. Su regla cardinal, la que le ha permitido mantener su acogedora vida, es no asesinar nunca a lugareños. En lugar de ello, viaja a la extensa ciudad que se extiende más allá del bosque, donde le espera un mar de víctimas potenciales, y una persona desaparecida apenas se notará. Allí da rienda suelta a sus impulsos monstruosos y se deshace de los restos con una precisión escalofriante.
Su mundo cuidadosamente construido se hace añicos cuando un espantoso descubrimiento sacude Woodbrook. Durante el desfile del bicentenario de la ciudad, el cuerpo desmembrado de la cabra Martin aparece horriblemente expuesto en una carroza, con el pecho abierto y las extremidades extendidas como un crucifijo. Este horrible acto es el primer asesinato en Woodbrook en décadas, y provoca una oleada de pánico y acusaciones en la comunidad, antaño pacífica.
La aparición de un asesino rival en su propio patio trasero enfurece a Sam. No sólo amenaza con sacar a la luz su propia vida oculta, sino que también ofende su sentido del orden y su tácito derecho sobre el pueblo. Con el sheriff Patterson, un perro diligente, ladrando a cada árbol equivocado, Sam se da cuenta de que debe tomar el asunto en sus propias manos. Se embarca en su propia investigación, decidida a desenmascarar al imitador antes de que la policía descubra sus propios secretos ocultos.
La investigación lleva a Sam hasta Nigel Albright, un individuo intensamente antisocial que ha estado observándola e imitando sus métodos. Nigel, consumido por una retorcida admiración por Sam, cree que cometiendo asesinatos cada vez más brutales en Woodbrook puede demostrar que es igual a ella y ganarse su atención. Llega incluso a inculpar a Sam de los asesinatos, utilizando fotografías que él mismo ha tomado para implicarla.
Se inicia entonces un peligroso juego del gato y el ratón, en el que Sam lucha no sólo por limpiar su nombre, sino también por recuperar el control de su territorio. Descubre la alergia de Nigel a las violetas, una pista crucial, y tiende una trampa. En una muestra despiadada de su naturaleza metódica, Sam orquesta un enfrentamiento en el que Nigel encuentra a su madre, Lola, muerta, haciendo que parezca que él fue el responsable.
Con Nigel paralizado por un potente curare, Sam le revela su destino: él será incriminado como el verdadero monstruo de Woodbrook, y ella reclamará su prístina reputación. Entonces ella acaba con su vida, eliminando la amenaza que representaba y asegurándose de que su cuidada existencia permanezca intacta. Con Nigel muerto y todas las pruebas en su contra, Woodbrook vuelve a su pintoresca tranquilidad, ignorante de la verdadera depredadora que camina entre ellos, con su mortal afición aparentemente a salvo una vez más.
Sin embargo, bajo esta encantadora fachada, Sam esconde un oscuro secreto: es una asesina en serie meticulosa y de sangre fría. Su regla cardinal, la que le ha permitido mantener su acogedora vida, es no asesinar nunca a lugareños. En lugar de ello, viaja a la extensa ciudad que se extiende más allá del bosque, donde le espera un mar de víctimas potenciales, y una persona desaparecida apenas se notará. Allí da rienda suelta a sus impulsos monstruosos y se deshace de los restos con una precisión escalofriante.
Su mundo cuidadosamente construido se hace añicos cuando un espantoso descubrimiento sacude Woodbrook. Durante el desfile del bicentenario de la ciudad, el cuerpo desmembrado de la cabra Martin aparece horriblemente expuesto en una carroza, con el pecho abierto y las extremidades extendidas como un crucifijo. Este horrible acto es el primer asesinato en Woodbrook en décadas, y provoca una oleada de pánico y acusaciones en la comunidad, antaño pacífica.
La aparición de un asesino rival en su propio patio trasero enfurece a Sam. No sólo amenaza con sacar a la luz su propia vida oculta, sino que también ofende su sentido del orden y su tácito derecho sobre el pueblo. Con el sheriff Patterson, un perro diligente, ladrando a cada árbol equivocado, Sam se da cuenta de que debe tomar el asunto en sus propias manos. Se embarca en su propia investigación, decidida a desenmascarar al imitador antes de que la policía descubra sus propios secretos ocultos.
La investigación lleva a Sam hasta Nigel Albright, un individuo intensamente antisocial que ha estado observándola e imitando sus métodos. Nigel, consumido por una retorcida admiración por Sam, cree que cometiendo asesinatos cada vez más brutales en Woodbrook puede demostrar que es igual a ella y ganarse su atención. Llega incluso a inculpar a Sam de los asesinatos, utilizando fotografías que él mismo ha tomado para implicarla.
Se inicia entonces un peligroso juego del gato y el ratón, en el que Sam lucha no sólo por limpiar su nombre, sino también por recuperar el control de su territorio. Descubre la alergia de Nigel a las violetas, una pista crucial, y tiende una trampa. En una muestra despiadada de su naturaleza metódica, Sam orquesta un enfrentamiento en el que Nigel encuentra a su madre, Lola, muerta, haciendo que parezca que él fue el responsable.
Con Nigel paralizado por un potente curare, Sam le revela su destino: él será incriminado como el verdadero monstruo de Woodbrook, y ella reclamará su prístina reputación. Entonces ella acaba con su vida, eliminando la amenaza que representaba y asegurándose de que su cuidada existencia permanezca intacta. Con Nigel muerto y todas las pruebas en su contra, Woodbrook vuelve a su pintoresca tranquilidad, ignorante de la verdadera depredadora que camina entre ellos, con su mortal afición aparentemente a salvo una vez más.
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