Para Bryce Quinlan, la vida debía estar volviendo a la normalidad. Meses después de que los demonios arrasaran Ciudad Creciente, ella y el ángel Hunt Athalar intentaban tomarse las cosas con calma, construir una vida real en la tranquilidad posterior. Acordaron esperar hasta el solsticio de invierno para calmar el fuego que los ardía, conformándose por ahora con charlas nocturnas, juegos de bolas solares y la simple paz de compartir apartamento. Pero la paz es algo frágil. Mientras observaba a su amiga Juniper Andromeda subir al escenario del ballet de la ciudad, el nuevo estatus de Bryce como princesa Fae y heredera de los Hijos de las Estrellas la convertía en un espectáculo, un papel que nunca quiso. La cicatriz en forma de estrella en su pecho brillaba en los momentos más inoportunos, un recordatorio constante del poder que latía en su sangre: un poder que la marcaba como diferente, un premio para algunos y una amenaza para otros.
El frágil silencio se rompe cuando un extraño irrumpe en la fiesta de su hermano Ruhn, un príncipe Fae de una tierra lejana que blandía sombras. Cormac reclama a Bryce como su prometida, un acuerdo forjado en secreto por sus padres para unir dos poderosas líneas reales. Al mismo tiempo, Hunt recibe la noticia de que una nueva Arcángel, la bella y desconcertantemente bondadosa Celestina, ha sido nombrada Gobernadora de Valbara. Cualquier esperanza de una transición pacífica se desvanece cuando ella revela que los antiguos tenientes de Sandriel, notoriamente sádicos - incluyendo al antiguo torturador de Hunt, Pollux, y al enigmático cambiaformas Baxian - están siendo transferidos a la ciudad para servir a sus órdenes. Los muros comienzan a cerrarse, su paz provisional se desmorona a medida que los juegos políticos y antiguos odios llegan a su puerta.
Lejos, en las frías aguas septentrionales del Mar de Haldren, una misión está en marcha. Tharion Ketos, Capitán de Inteligencia de la Reina del Río, busca el cuerpo de una espía rebelde llamada Sofie Renast. Era un ave de trueno - poseedora de rayos y energía, una criatura mítica - ejecutada por el Ciervo por liberar a su hermano de un campo de concentración. Pero en el fondo del mar, Tharion solo encuentra grilletes sueltos. Sofie podría haber sobrevivido. Su reina le da una nueva orden: encontrar al hermano de Sofie, Emile, un chico que destruyó él solo cuatro naves de guerra imperiales con sus propios dones de ave de trueno. El chico es un arma, y todos los poderes del mundo parecen quererlo.
La búsqueda de Emile Renast pronto irrumpe en el mundo de Bryce, arrastrando consigo los fantasmas del pasado. Tharion revela que Sofie estaba en contacto con nada menos que Danika Fendyr, la mejor amiga fallecida de Bryce. Entonces Cormac aparece de nuevo, confesando su verdadera identidad: es el Agente Silverbow, un rebelde de Ofión que amaba a Sofie y prometió proteger a su hermano. Está desesperado por encontrar a Emile antes de que una fanática comandante rebelde llamada Pippa Spetsos lo convierta en un niño soldado. Una alianza incómoda se forja entre ellos, una maraña de secretos y mentiras, al descubrir que Danika estaba involucrada en algo mucho más peligroso de lo que nadie sabía: un secreto relacionado con un proyecto llamado "La Verdad del Crepúsculo".
A medida que investigan más, Bryce se ve obligado a enfrentarse a lo poco que conocía realmente a su amiga. Danika, resulta ser una sabuesa, capaz de olfatear los secretos ocultos en los linajes. Tenía un compañero secreto: Baxian, el Sabueso Infernal, uno de los enemigos más odiados de Hunt. Y estaba investigando los orígenes mismos de su mundo y los Asteri que lo gobiernan. La búsqueda de Emile se convierte en una carrera desesperada por descubrir la información por la que Sofie murió, una verdad que Danika había estado buscando durante años. El rastro los lleva a los rincones más oscuros de la ciudad, desde los fosos de combate del Mercado de la Carne hasta una aterradora consulta con los místicos, donde llaman la atención de Tánatos, el Príncipe del Barranco.
La ciudad misma se convierte en una jaula. La Cierva llega con sus lobos temibles; su sola presencia es una asfixiante promesa de dolor. Bryce y Ruhn son emboscados por Segadores enviados por Apollion, el Príncipe del Foso, quien exige a Bryce que domine sus poderes para una guerra inminente. En la lucha, Bryce mata a una de las criaturas invencibles con la Espada Estelar, una hazaña que envía ondas de choque a través de los reinos de los muertos. También aprende a teletransportarse, un raro don de los Nacidos Estelares, extrayendo una carga de la magia de otro. Pero cada paso adelante trae más peligro. Baxian revela la clave: una secuencia de números que Sofie grabó en su propio brazo mientras se ahogaba: la ubicación de una habitación secreta en los archivos de Asteri.
Para crear una distracción lo suficientemente grande como para infiltrarse en el palacio de cristal de los Asteri, Cormac y Tharion organizan un asalto a un cargamento de armas rebeldes, una confrontación explosiva que termina con Cormac sacrificándose para destruir una nueva y aterradora arma imperial. Al amparo del caos, Bryce, Hunt y Ruhn se cuelan en la Ciudad Eterna. Dentro de los archivos, Bryce encuentra la habitación. No está llena de documentos, sino de un mapa del cosmos. Descubre la devastadora verdad: los Asteri no son dioses, sino parásitos de otro mundo que atraen especies a Midgard para cultivarlas por su poder: su primera luz. Todos son solo comida. Y los príncipes de Hel no son sus enemigos, sino los últimos vestigios de una antigua alianza que intentó, sin éxito, detener a los Asteri hace quince mil años.
La verdad es una trampa. Rigelus, el líder de los Asteri, revela que lo orquestó todo, incluso fingiendo ser el príncipe demonio Aidas, para atraer a Bryce al palacio. La necesita a ella y al Cuerno tatuado en su espalda para reabrir las puertas entre los mundos y comenzar de nuevo su conquista. En una última y desesperada batalla, la Cierva se revela como la Agente Daybright, una agente doble que trabaja para los rebeldes, e intenta ayudarlos a escapar. Pero es demasiado tarde. Hunt y Ruhn son capturados, sus destinos sellados. "Te encontraré de nuevo", le promete Hunt a Bryce con la voz quebrada. "Nuestro amor es más fuerte que el tiempo, más grande que cualquier distancia".
Con sus últimas fuerzas, impulsada por el rayo de Hunt, Bryce se lanza contra una Puerta, con la Espada Estelar en la mano. Rigelus ruge de furia mientras salta hacia la oscuridad arremolinada, con la intención de ir a Hel y alistar sus ejércitos. Pero la Puerta no la derriba. La arrastra de lado, a través de mundos y estrellas, a través de un abismo de viento aullante y presión aplastante. Aterriza con fuerza sobre la suave hierba verde, en un mundo envuelto en niebla. Una ciudad de impresionante belleza se alza sobre un apacible río. No es Hel.
Antes de que pudiera comprender dónde estaba, una espada la apuñalaba por la garganta. Estaba rodeada de guerreros alados, con rostros increíblemente hermosos y duros como la piedra. Eran hadas, pero no se parecían a ninguna otra que ella hubiera conocido. Hablaban una lengua antigua y olvidada. Desesperada, Bryce la recitaba, implorando ayuda para el príncipe Aidas. Su líder, un hombre de ojos violeta que aferraban el cielo nocturno, dio un paso al frente; su poder era un manto aterciopelado de oscuridad y luz estelar. Estudió a la extraña mujer ensangrentada que cayó del cielo. «Hola, Bryce Quinlan», dijo en el idioma antiguo. «Me llamo Rhysand».