La aparición de la imprenta dejó una huella profunda e imborrable en el panorama de la literatura narrativa de Europa Occidental, alterando irrevocablemente su forma, difusión y recepción. Este cambio fundamental del manuscrito meticuloso copiado a mano al libro impreso reproducido mecánicamente provocó una reevaluación de la propia narración, lo que llevó a los estudiosos a considerar el alcance de su influencia en un espectro de lenguas vernáculos. La investigación fundamental gira en torno a si la llegada de la imprenta cambió fundamentalmente el cuerpo de textos narrativos disponibles, si los relatos existentes sufrieron transformaciones significativas en su nueva versión impresa y cómo este monumental desarrollo mediático afectó finalmente la naturaleza intrínseca de estas narrativas.
Se encuentra que la historia de los primeros textos narrativos impresos es un tapiz complejo tejido con hilos de continuidad y discontinuidad. En la tradición literaria del neerlandés medio, por ejemplo, se desarrolla una evolución clara a lo largo de tres fases distintas: la era de los manuscritos, el incipiente periodo de impresión en Holanda y el posterior florecimiento en Amberes. Inicialmente, los romances en neerlandés medio, a menudo en verso, circulaban principalmente entre círculos aristocráticos de los Países Bajos orientales. Sin embargo, la reintroducción de estas narrativas a través de la imprenta alrededor de 1470 en Holanda dio lugar principalmente a adaptaciones en prosa, frecuentemente impregnadas de un propósito didáctico, marcando una ruptura con las tradiciones versísticas anteriores.
A medida que avanzaba la tecnología de impresión, también lo hacían las estrategias empleadas por los primeros impresores para cautivar al público y asegurar el éxito comercial. Estas estrategias abarcaban una selección meticulosa de textos destinados a la impresión, una cuidadosa consideración de sus etapas en la historia impresa y, a menudo, adaptaciones textuales significativas. El elemento visual también se volvió fundamental, con el uso estratégico de grabados en madera y el desarrollo reflexivo de las portadas desempeñando un papel crucial para atraer lectores.
El cambio de producción a Amberes en la década de 1480 representó otro momento crítico, ya que los impresores de esta metrópoli en expansión comenzaron a buscar fuentes atractivas más allá de los Países Bajos. Adaptaron hábilmente su material para atraer a un público más amplio, atrayendo tanto a quienes buscaban relatos novelas como a quienes apreciaban tradiciones literarias establecidas. A mediados del siglo XVI, los impresores de Amberes habían llegado a dominar el mercado literario neerlandés, produciendo una mayoría significativa de los títulos impresos en neerlandés.
En toda Europa, el impacto de la impresión impulsó la investigación interlingüística, permitiendo un examen comparativo de los corpus narrativos en varios idiomas como inglés, francés, alemán y español. Esta perspectiva comparativa revela no solo las características de los textos seleccionados para la impresión, sino también las razones detrás de sus ajustes, ya sea determinadas por la popularidad del manuscrito de un texto, el éxito internacional de narrativas impresas no holandesas o las preferencias temáticas de las imprentas individuales.
Las transformaciones textuales en sí eran multifacéticas, abarcando omisiones, abreviaturas y añadidos, así como transposiciones y la conversión de versos en prosa. A menudo se insertaban pasajes líricos y las narrativas frecuentemente adquirían un significado más moralizador o devocional. Estas adaptaciones no eran uniformes, sino que variaban según los títulos y los impresores individuales, reflejando una dinámica interacción entre la narrativa original, los imperativos comerciales de la imprenta y los gustos cambiantes del público lector en la incipiente era de la imprenta.