La caída es una eternidad de oscuridad, con el viento silbando mientras se precipitan hacia la garganta del mundo. Annabeth abraza a Percy; sus últimas palabras son un susurro: «Te amo», antes de que un río de brillante líquido negro se eleve a su encuentro. El impacto no los mata, pero el Cocito, el Río de las Lamentaciones, casi lo hace. Es un torrente de pura miseria, un susurro de desesperación, y Percy comienza a hundirse, con las ganas de vivir agotándose. «Háblame de Nueva Roma», exige Annabeth, con su voz como un salvavidas, y lo saca de las profundidades con visiones de un futuro que podrían tener juntos. Se desploman sobre una orilla de afilado cristal negro; el aire es un ácido sulfuroso que les pica la piel. Esto es el Tártaro. Y es un cuerpo, un lugar vivo y malévolo diseñado solo para matar.
Arriba, sobre la piel del mundo, están atrapados los cinco semidioses restantes del *Argo II*. Los Apeninos les cierran el paso a Grecia, y a cada intento de cruzar, los dioses de la montaña, hijos de Gea, lanzan rocas contra su barco. Leo trabaja hasta el agotamiento; su ira es un frágil escudo contra la culpa de perder a sus amigos. Están a la deriva y sin líder, hasta que Hazel Levesque, hija de Plutón, se encuentra en la cubierta y reza por una señal. Un destello de movimiento en el horizonte responde a su llamada: el caballo inmortal Arión ha venido a guiarla, no por las montañas, sino a una encrucijada donde debe tomar una decisión.
En una tempestad de niebla blanca y negra, aparece la diosa Hécate. Muestra a Hazel visiones de lo que está por venir: una guerra entre los campamentos de los semidioses, la destrucción del *Argo II* y el desastre para sus amigos en el corazón del Tártaro. "Estás en la encrucijada, Hazel Levesque", dice la diosa, con los ojos tan negros como el petróleo. Ella ofrece un camino secreto, un desvío hacia el norte a través de las montañas, pero es el más peligroso de todos. Para sobrevivir, Hazel debe aprender a dominar la Niebla, a doblegar la realidad y la ilusión a su voluntad. Una formidable hechicera la espera en la Casa de Hades, una enemiga que solo Hazel puede derrotar. "No elijo uno de tus caminos", declara Hazel con voz temblorosa pero desafiante. "Estoy creando el mío".
Abajo, el viaje a través del abismo continúa. Percy y Annabeth descubren que deben beber del Flegetonte, el Río de Fuego, una agonía líquida que los cura lo suficiente para soportar más dolor. Son perseguidos por monstruos, incluyendo una amarga empusa llamada Kelli, y luego por los *arai*, los espíritus de las maldiciones. Con cada demonio que matan, nace una nueva aflicción del último deseo de un antiguo enemigo. Annabeth queda ciega por la maldición del cíclope Polifemo. Percy sufre un intenso dolor por el veneno de la sangre de la gorgona. Casi se siente abrumado cuando Annabeth es maldecida con la desesperación de Calipso, la chica que dejó sola en su isla. Los salva un aliado inesperado: un titán de cabello plateado con uniforme de conserje, que se abre paso a través de la oscuridad. "Soy Bob", anuncia, con la memoria borrada. "Percy es mi amigo".
En la superficie, el *Argo II* sigue la ruta norte de Hécate. En Bolonia, Leo burla a un par de enanos ladrones, recupera su cinturón de herramientas robado y consigue un libro antiguo que los guiará en Venecia. Allí, la tripulación es atacada por los katoblepones, monstruos con aspecto de vaca y aliento venenoso. Hazel cae, gravemente enferma, y Frank Zhang se ve obligado a enfrentarse al dios de la guerra que lleva dentro. Marte le concede una bendición, y Frank se transforma, destruyendo él solo a toda la manada de monstruos. Emerge de la batalla más alto, más fuerte e irradiando la autoridad de un verdadero líder; ya no es el niño torpe, sino un pretor de Roma. Consigue la cura para Hazel y una forma de proteger su frágil vida del fuego.
Mientras el barco navega por el Adriático, Hazel se pone a prueba de nuevo. Emboscada por el bandido Escirón y su tortuga gigante, ella y Jasón se ven obligados a escalar un acantilado para enfrentarse al ladrón. Allí, Escirón hace su clásica exigencia: lavarse los pies asquerosos o ser pateado al mar. Recordando la leyenda, Hazel sabe que es una trampa. Teje la Niebla, creando una ilusión tan poderosa que Escirón cree que el borde del acantilado está en la dirección opuesta. Cuando patea, se lanza a las fauces de su propia mascota. Después, Hazel recibe la visita de su padre, Plutón, quien le advierte de la hechicera que aguarda en la Casa de Hades: Pasífae, la madre del Minotauro. Guiados por Bob, Percy y Annabeth descienden a las profundidades, atravesando la Mansión de la Noche, donde la diosa de la oscuridad los confronta. Escapan engañando a los aterradores hijos de Nyx para que creen un manto de absoluta oscuridad, y saltan a ciegas al vacío, aterrizando en el mismísimo corazón del Tártaro. Ante ellos se extiende una vasta y palpitante llanura de carne - la forma física del dios Tártaro - y en el centro, un ejército de miles rodea las Puertas de la Muerte, custodiado por los Titanes Hiperión y Críos. Mientras Bob se enfrenta a sus hermanos, el mismísimo dios del abismo se alza a su encuentro, un torbellino de oscuridad con una enorme armadura. Justo cuando todo parece perdido, se les une un aliado inesperado: el gigante Damasén, el pacífico anti-Ares, a lomos de un drakon meonio, listo para desafiar a su padre, el Tártaro.
Mientras tanto, los semidioses del *Argo II* entran en la Casa de Hades en Epiro. Recorren los traicioneros niveles del templo, atormentados por fantasmas y visiones, hasta llegar a la sala del trono donde se encuentra el lado mortal de las Puertas. Allí, la hechicera Pasífae atrapa a Hazel y Leo en un laberinto mágico y cambiante. Hazel toma el control de la ilusión, volviendo el laberinto contra su creador y arrojando a la hechicera a un pozo de su propia creación. Liberan a Percy y Annabeth de las Puertas, solo para enfrentarse al gigante Clitio, un ser de sombra pura que absorbe toda luz y sonido.
La batalla es desesperada. El fuego de Leo es absorbido por la oscuridad del gigante. Los amigos de Hazel del *Argo II* llegan justo a tiempo, liderados por un Frank recién empoderado, pero ni siquiera su fuerza combinada es suficiente. Solo cuando Hécate aparece, con sus antorchas gemelas encendidas, tienen una oportunidad. La diosa presta su poder a Hazel, quien usa la Niebla para contener la oscuridad del gigante mientras sus amigos atacan. Juntos, debilitan a Clitio lo suficiente como para que Hécate aseste el golpe final, envolviéndolo en fuego mágico.
En el corazón del Tártaro, Damasén y Bob se sacrifican para darles a Percy y Annabeth los preciosos doce minutos que necesitan para escapar. "Saluda al sol y a las estrellas de mi parte", dice Bob, antes de girarse para enfrentarse al ejército interminable con su gatito dientes de sable. Percy y Annabeth mantienen cerradas las puertas del ascensor mientras ascienden, dejando morir a sus amigos. Emergen a las ruinas de Grecia, destrozados y afligidos, pero vivos. Los siete se reúnen, las Puertas de la Muerte han desaparecido, y una pretora romana, Reyna, ha llegado con una nueva misión: llevar a la Atenea Partenos de vuelta al Campamento Mestizo y detener una guerra civil. Al terminar una misión, comienza la etapa final y más desesperada de su viaje.