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Ir a BibliotecaLos de Abajo
- Idioma
- Español
- Publicado en
- Editorial
- Penguin
- Páginas
- 144
- ISBN
- 9780140266214
Escrita por un autor que se desempeñó como médico de campo en el ejército de Pancho Villa, esta novela ofrece una perspectiva cruda e inmediata de la agitación de la revolución. La historia va más allá de la política y las grandes batallas y se centra en las experiencias personales de los soldados rasos y explora sus motivaciones, su desilusión y las profundas formas en que el conflicto cambia sus vidas. Es una narración que cuestiona la naturaleza misma de la lucha y examina lo que ocurre cuando las razones de la lucha se vuelven borrosas y la revolución en sí misma se convierte en una fuerza de impulso incesante.
Temas
No estará solo por mucho tiempo. Con el toque de un cuerno, sus hombres emergen de los cañones: veinticinco almas, oscuras y curtidas como el bronce viejo, ansiosas de pelea. Son los desposeídos, los perseguidos, hombres como Anastasio Montañés que no temen a las balas más que a las bolas de caramelo. Demetrio, ahora su jefe, los conduce a un paso estrecho, una trampa perfecta para los federales que lo persiguen. Agachados entre las rocas, esperan. Cuando la columna de soldados aparece abajo, diminutas figuras sobre caballos en miniatura, Demetrio da la orden. "¡Ahora!" Los rifles retumban al unísono. Los hombres caen de sus sillas, con el cráneo abierto. Los rebeldes, ocultos y silenciosos, son despiadadamente eficientes. "¡A los de abajo... a los de abajo!", grita Demetrio, mientras su propio rifle elimina a los soldados que intentan cruzar el río. La lucha es un juego brutal, una competencia de puntería, hasta que la marea cambia y los federales encuentran su flanco. Una bala atraviesa el muslo de Demetrio. Se retiran, dejando atrás a dos camaradas, cuyos cuerpos fueron encontrados posteriormente colgados de un mezquite.
Llevado en una camilla improvisada, ardiendo de fiebre, Demetrio es llevado a un pequeño asentamiento de chozas donde una joven llamada Camila le ofrece una calabaza con agua fresca. Su voz es suave, y en su delirio, es todo lo que oye. Es allí donde sus hombres capturan a un extraño, un chico de ciudad bien vestido llamado Luis Cervantes, estudiante de medicina y periodista que dice ser revolucionario. Pancracio, con el rostro impasible como una piedra, quiere ejecutarlo en el acto. "¿Qué causa defendemos?", pregunta Demetrio cuando Cervantes habla de ideales compartidos. El estudiante, atónito, guarda silencio. No puede explicarles su lucha. Sin embargo, Demetrio, en un momento de intuición cansada, le perdona la vida, intuyendo quizás que este hombre culto, este *curro*, tiene la clave de algo que aún no comprende.
Cervantes, al principio disgustado por la inmundicia y la brutalidad de los rebeldes, pronto comprende la verdad: la revolución, a pesar de todo su caos, es un huracán que arrasará con el viejo mundo. Comprende que Demetrio es más que un bandido; es un líder nato, una fuerza de la naturaleza. Empieza a moldear la ambición de Demetrio, a poner nombre a su furia. «Aún no comprendes tu verdadera, alta y noble misión», le dice Cervantes. «Somos instrumentos del destino para la reivindicación de los derechos sagrados del pueblo». Insta a Demetrio a unirse a las fuerzas del general Natera, a transformar su pequeño grupo en una brigada y a reclamar un lugar en la victoria venidera. Demetrio, que solo quería que lo dejaran solo en su pedazo de tierra, se deja convencer. Lo nombran coronel y sus hombres marchan hacia el épico enfrentamiento que les aguarda en Zacatecas.
La Batalla de Zacatecas es un torbellino de fuego, sangre y un coraje asombroso. Mientras las fuerzas de Natera flaquean, Demetrio, sin órdenes, espolea a su caballo por una pared rocosa imposible y escarpada. "¡Arriba, muchachos!", grita, y sus hombres lo siguen, trepando como ciervos por las piedras, hombre y bestia como uno solo. Se estrellan contra las trincheras federales, Demetrio ametralladoras como si fueran toros salvajes, cambiando la situación en un momento de puro instinto salvaje. La victoria es total, pero desata un caos aún más oscuro. La ciudad es entregada al saqueo. Después, la banda de Demetrio se llena de nuevas caras: el sádico güero Margarito, que encuentra placer en la tortura, y la feroz seguidora del campamento, La Pintada, que reclama a Demetrio como suyo. Los ideales de la revolución, tan elocuentemente descritos por Cervantes, se disuelven en un frenesí de saqueos, borracheras y asesinatos casuales. “Qué espectáculo, amigo mío”, le dice un oficial desilusionado a Cervantes, “si nosotros, que vinimos a ofrecer nuestro entusiasmo y nuestras vidas para derrocar a un miserable asesino, resultamos ser los constructores de un enorme pedestal para cien o doscientos mil monstruos de la misma especie”.
La gran causa se fragmenta. Villa contra Carranza. Los vencedores de ayer se enfrentan entre sí, y los hombres de Demetrio son arrastrados, luchando ahora sin propósito ni entendimiento. “Mira”, le dice Demetrio a Anastasio, “me parece que esto nos está pasando como al campesino de Tepatitlán. Nunca dejó de quejarse de su jefe, pero tampoco dejó de trabajar. Así somos nosotros: quejarse y quejarse, y matar y matar”. La guerra se convierte en una confusión de pueblos arrasados y escaramuzas sin sentido. La violencia se vuelve interna. La Pintada, en un ataque de celos, apuñala a la gentil Camila, que había seguido a Demetrio, y es expulsada. Los hombres, antaño hermanos, se matan jugando a las cartas. Son una fuerza a la deriva, una plaga sobre la tierra que una vez intentaron liberar.
Después de casi dos años, el tortuoso camino de la guerra lleva a Demetrio de vuelta a su propio cañón. Su esposa corre a su encuentro, envejecida por una década de dolor, con su hijo escondido tras sus faldas, temeroso de este hombre extraño y de mirada dura. "¡Demetrio, por Dios, no te vayas otra vez!", suplica. "Mi corazón me dice que algo te va a pasar ahora". En la quietud de la sierra, formula la pregunta que se cierne sobre toda la nación: "¿Por qué siguen luchando, Demetrio?". Él mira fijamente el vasto y silencioso cañón, con el rostro convertido en una máscara de piedra. Recoge una piedra y la arroja por el borde. "Mira esa piedra", dice con voz grave. "Cómo sigue avanzando y nunca se detiene".
A la mañana siguiente, cabalgan de nuevo hacia el cañón. La sierra es hermosa, limpia por la lluvia nocturna, animada por el canto de los pájaros. Es el mismo lugar donde Demetrio obtuvo su primera gran victoria, donde tendió una emboscada a los federales con solo veinte hombres. Pero ahora, el enemigo está por todas partes, oculto entre las rocas por miles. La trampa se ha disparado contra ellos. El aire se llena con el traqueteo de las ametralladoras, y sus hombres caen como trigo ante la guadaña. Anastasio se desliza de su caballo sin hacer ruido. Pronto, Demetrio se queda solo. Se arrastra tras una roca, con el rostro surcado de lágrimas de rabia, y comienza a disparar. No falla. Un disparo, una muerte. Su famosa puntería lo llena de una alegría final y amarga. Las cigarras zumban su canto eterno e imperturbable mientras el humo se eleva hacia el cielo. Al pie de una magnífica grieta de piedra, como el pórtico de una antigua catedral, Demetrio Macías yace inmóvil, con la mirada fija para siempre, apuntando el cañón de su rifle a la distancia.
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El libro ha sido ampliamente elogiado por su retrato crudo y auténtico de la Revolución Mexicana, basado en la experiencia directa del autor como médico militar durante el conflicto. Los críticos destacan su rotunda honestidad al retratar la guerra como una empresa oscura, violenta y a menudo insensata, en lugar de glorificarla. Muchos lo consideran una obra fundamental sobre el tema, ofreciendo una visión convincente de la época y sus complejidades sociales. La narrativa destaca por su fuerte sentido del realismo, su eficaz uso del diálogo y una prosa sencilla y contundente que algunos comparan con la de Hemingway. Los lectores aprecian cómo la novela explora la desilusión de los ideales revolucionarios y la transformación psicológica de las personas atrapadas en la vorágine, mostrando cómo quienes luchan por la justicia pueden verse envueltos en las mismas brutalidades que intentaron superar. Se considera una importante declaración contra la guerra, que arroja luz sobre el coste humano y las ambigüedades morales del conflicto.
A pesar de su importancia histórica, algunos críticos encontraron el libro difícil de leer, describiéndolo como lento, aburrido o con poca profundidad narrativa. Las críticas incluyen la percepción de que los personajes son bocetos incompletos en lugar de individuos plenamente desarrollados, y que el protagonista principal y sus seguidores a menudo parecen detestables o inmorales. El estilo narrativo, basado en gran medida en el diálogo, fue considerado superficial por algunos, lo que dificultaba la conexión con la narrativa. Algunos lectores encontraron la narración en tercera persona seca y directa. La estructura fragmentada y la falta de una trama sólida y convencional también se señalaron como inconvenientes. Además, las descripciones de la novela sobre la crueldad, el sadismo y el maltrato a las mujeres se destacaron como elementos perturbadores, y algunos sintieron que estos aspectos se trataron de manera básica o anticuada.
En definitiva, este libro se erige como un clásico significativo de la literatura mexicana y un potente testimonio histórico de las complejidades de los procesos revolucionarios. Si bien su crudo realismo y su perspectiva a menudo cínica pueden no ser del agrado de todos, es muy recomendable para los lectores interesados en una mirada sincera y sin romanticismo a la Revolución Mexicana. Es especialmente adecuado para quienes aprecian el análisis sociopolítico objetivo sobre la guerra y la naturaleza humana, y están dispuestos a involucrarse con una narrativa que prioriza la profundidad temática y el contexto histórico por encima de la narrativa convencional o el heroísmo idealizado. Ofrece valiosas perspectivas sobre cómo las nobles intenciones pueden derivar en caos y acciones egoístas, lo que lo hace relevante para comprender no solo el pasado, sino también la dinámica del conflicto en general.
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