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Ir a BibliotecaNeurological Disorders Public Health Challenges
de
- Idioma
- Inglés
- Publicado en
- Editorial
- World Health Organization
- Páginas
- 218
- ISBN
- 9789241563369
Temas
Los trastornos neurológicos representan una crisis de salud pública mundial monumental y creciente, que afecta a más de tres mil millones de personas en todo el mundo y constituye la principal causa de enfermedad y discapacidad. Estas afecciones, que abarcan un amplio espectro de enfermedades, desde accidentes cerebrovasculares y demencia hasta epilepsia, migraña y neuroinfecciones, imponen una inmensa carga de sufrimiento a las personas y sus familias, al tiempo que consumen recursos humanos de las comunidades y las economías. La magnitud de este desafío exige una acción urgente y coordinada a nivel mundial. La carga de estos trastornos no se distribuye de manera uniforme; más del 80 % de las muertes y pérdidas de salud neurológicas ocurren en países de ingresos bajos y medios. Esta disparidad se evidencia claramente por la grave escasez de profesionales de la salud cualificados, ya que los países de altos ingresos cuentan con entre 70 y 82 veces más neurólogos por cada 100 000 habitantes que los países de bajos ingresos. Esta grave escasez deja a grandes poblaciones sin acceso a un diagnóstico oportuno, un tratamiento eficaz y la atención continua esencial, lo que agrava el impacto de estas afecciones, a menudo crónicas.
Muchas afecciones neurológicas, como el ictus, son en gran medida prevenibles mediante el control de factores de riesgo clave como la hipertensión arterial, la contaminación atmosférica y el tabaquismo. A pesar de ello, servicios esenciales como las unidades de ictus, la neurología pediátrica, la rehabilitación y los cuidados paliativos suelen estar ausentes o concentrados en centros urbanos, dejando a las poblaciones rurales y desatendidas completamente sin acceso a intervenciones que salvan y prolongan la vida. La ausencia de marcos normativos sólidos implica que los sistemas de salud permanezcan fragmentados, con recursos insuficientes y mal equipados para atender las necesidades de las personas afectadas.
Los datos revelan, además, que la cantidad total de discapacidad, enfermedad y muerte prematura causadas por afecciones neurológicas, medida en años de vida ajustados por discapacidad (AVAD), ha aumentado un 18 % desde 1990. Este incremento se debe principalmente a los cambios demográficos y al aumento de la esperanza de vida, lo que subraya que, sin una acción global inmediata y sostenida, la carga neurológica está a punto de convertirse en un problema cada vez más inmanejable en todos los países. La neuropatía diabética, por ejemplo, ha triplicado sus casos a nivel mundial desde 1990 y afecta actualmente a 206 millones de personas, en consonancia con el aumento mundial de la diabetes.
Un desafío importante reside en la escasa atención y priorización que se le da a la neurología en las agendas nacionales de salud. Menos de un tercio de los países del mundo cuenta con una política nacional específica para los trastornos neurológicos, y una proporción aún menor, solo el 18 %, informa de financiación específica para estas afecciones. Esta falta de compromiso estratégico dificulta el desarrollo de intervenciones integrales de salud pública dirigidas a reducir la incidencia y las consecuencias de los trastornos neurológicos.
El llamado a la acción es claro: los gobiernos deben priorizar los trastornos neurológicos mediante un liderazgo firme y una inversión sostenida. Ampliar el acceso a la atención neurológica a través de la cobertura sanitaria universal y fortalecer los sistemas de salud es fundamental. Además, es esencial promover la salud cerebral a lo largo de la vida con una acción intersectorial coordinada que aborde los principales factores de riesgo y protección. Finalmente, reforzar los sistemas de datos y los mecanismos de monitoreo es crucial para la toma de decisiones basada en la evidencia y la rendición de cuentas, garantizando que se satisfagan las necesidades de miles de millones de personas y que se prevenga que millones más desarrollen enfermedades neurológicas evitables.
Muchas afecciones neurológicas, como el ictus, son en gran medida prevenibles mediante el control de factores de riesgo clave como la hipertensión arterial, la contaminación atmosférica y el tabaquismo. A pesar de ello, servicios esenciales como las unidades de ictus, la neurología pediátrica, la rehabilitación y los cuidados paliativos suelen estar ausentes o concentrados en centros urbanos, dejando a las poblaciones rurales y desatendidas completamente sin acceso a intervenciones que salvan y prolongan la vida. La ausencia de marcos normativos sólidos implica que los sistemas de salud permanezcan fragmentados, con recursos insuficientes y mal equipados para atender las necesidades de las personas afectadas.
Los datos revelan, además, que la cantidad total de discapacidad, enfermedad y muerte prematura causadas por afecciones neurológicas, medida en años de vida ajustados por discapacidad (AVAD), ha aumentado un 18 % desde 1990. Este incremento se debe principalmente a los cambios demográficos y al aumento de la esperanza de vida, lo que subraya que, sin una acción global inmediata y sostenida, la carga neurológica está a punto de convertirse en un problema cada vez más inmanejable en todos los países. La neuropatía diabética, por ejemplo, ha triplicado sus casos a nivel mundial desde 1990 y afecta actualmente a 206 millones de personas, en consonancia con el aumento mundial de la diabetes.
Un desafío importante reside en la escasa atención y priorización que se le da a la neurología en las agendas nacionales de salud. Menos de un tercio de los países del mundo cuenta con una política nacional específica para los trastornos neurológicos, y una proporción aún menor, solo el 18 %, informa de financiación específica para estas afecciones. Esta falta de compromiso estratégico dificulta el desarrollo de intervenciones integrales de salud pública dirigidas a reducir la incidencia y las consecuencias de los trastornos neurológicos.
El llamado a la acción es claro: los gobiernos deben priorizar los trastornos neurológicos mediante un liderazgo firme y una inversión sostenida. Ampliar el acceso a la atención neurológica a través de la cobertura sanitaria universal y fortalecer los sistemas de salud es fundamental. Además, es esencial promover la salud cerebral a lo largo de la vida con una acción intersectorial coordinada que aborde los principales factores de riesgo y protección. Finalmente, reforzar los sistemas de datos y los mecanismos de monitoreo es crucial para la toma de decisiones basada en la evidencia y la rendición de cuentas, garantizando que se satisfagan las necesidades de miles de millones de personas y que se prevenga que millones más desarrollen enfermedades neurológicas evitables.
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