The Lorax
de Dr. Seuss
8.7 / 10 377 mil valoraciones
- Idioma
- Inglés
- Publicación
- 1971
- Editorial
- Random House Children's Books
- Páginas
- 72
- ISBN
- 9780394823379
En un pueblo desolado y desolado, un joven curioso busca al recluso Once-ler para hacerle una sola pregunta: ¿qué pasó con los árboles? La respuesta es una historia que se despliega en un susurro, un relato de un mundo que antes fue vibrante lleno de coloridos árboles Truffula, juguetones Bar-ba-loots y Swomee-Swans cantando. Es la historia del Lorax, una pequeña criatura bigoteta que habla por los árboles, pues los árboles no tienen lengua. Sale a enfrentarse al ambicioso Once-ler, cuyo maravilloso invento requiere la tala de los Árboles Truffula, lo que desencadena un conflicto entre el progreso industrial y la preservación de la naturaleza.
Esta fábula clásica narra la difícil situación del medio ambiente mientras una empresa consume un hermoso paisaje, silenciando a las criaturas que lo llamaban hogar. La narrativa sirve como una poderosa y atemporal historia de advertencia sobre los peligros de la codicia descontrolada y las consecuencias de ignorar el mundo natural. Es una historia de pérdida, pero también lleva una semilla persistente de esperanza, demostrando que basta con una persona para preocuparse lo suficiente como para marcar la diferencia y comenzar el proceso de restauración.
Esta fábula clásica narra la difícil situación del medio ambiente mientras una empresa consume un hermoso paisaje, silenciando a las criaturas que lo llamaban hogar. La narrativa sirve como una poderosa y atemporal historia de advertencia sobre los peligros de la codicia descontrolada y las consecuencias de ignorar el mundo natural. Es una historia de pérdida, pero también lleva una semilla persistente de esperanza, demostrando que basta con una persona para preocuparse lo suficiente como para marcar la diferencia y comenzar el proceso de restauración.
Temas
- Literature & Fiction
- Genre Fiction
- Children's Books
- Science & Math
- CHILDREN'S FICTION
- Poetry
- Humor
- Science, Nature & How It Works
- Humor & Entertainment
- Juvenile Fiction
- Classics
- Humor & Satire
- Humorous
- Nature
- Environment
- Science & Nature
- Stories in Verse
- STORIES IN RHYME
- Limericks & Humorous Verse
- TV, Movie, Video Game Adaptations
- COLORING BOOKS
- Recycling & Green Living
Edición original
LoraxPublicado originalmente en 1911 Inglés McGraw-Hill/Tdm Audio
Otras ediciones (14)
Escuchar el resumen Resumen narrado
Al fondo del pueblo, donde crece la hierba de espinos y el viento siempre huele a viejo, rancio y agrio, se encuentra la Calle del Lorax Elevado. Ningún ser vivo se mueve, salvo el susurro del viento entre tuberías oxidadas y el ocasional gruñido de un niño curioso. Busca al Once-ler, una figura sombría que habita en una vivienda en ruinas, muy por encima del aire agriolento. Por quince céntimos, un clavo y la concha de un caracol tataratatarabuelo, el Once-ler acepta contar su historia, una historia de lo que fue y lo que llegó a ser.
La historia del Once-ler comienza en una época en la que el mundo era fresco, antes del smog y la penumbra. Describe una tierra de gloriosos y brillantes árboles de Truffula, con penachos más suaves que la seda y con olor a dulce leche de mariposa. Allí, los Brown Bar-ba-loots jugaban a la sombra, comiendo frutos de Truffula, mientras los Swomee-Swans cantaban sus hermosas canciones y el Humming-Fish tarareaba en las aguas claras y frescas. Era un paraíso, intacto y vibrante. Pero entonces llegó el Once-ler, cautivado por los Árboles Truffula. Cortó la primera, descubriendo que su mechón podía tejer en una cosa maravillosa llamada Thneed - una prenda versátil, útil para casi cualquier cosa.
Apenas cayó el primer Árbol Truffula, una pequeña criatura naranja con un gran bigote asomó del tocón. Este era el Lorax, que hablaba por los árboles, porque los árboles no tenían lengua. Se enfrentó al Once-ler, con voz cortante y urgente, preguntando: "¡Señor! ¡Eres un bárbaro! ¿Por qué talarías este árbol?" Pero el Once-ler, lleno de emoción por su invento, desestimó las protestas del Lorax. Vendió su primer Thneed, luego otro, y pronto la demanda creció. Llamó a su familia, y llegaron en masa, montando fábricas, y la tala comenzó en serio.
Se inventó el Super-Axe-Hacker, que arrasó el Bosque Truffula con una velocidad aterradora. El Lorax regresó, sus súplicas cada vez más desesperadas. Mostró a los Once-ler los Brown Bar-ba-loots hambrientos, con el estómago vacío porque su fruto Truffula había desaparecido. Los envió a buscar comida en otro lugar, con el corazón pesado. Luego llegaron los Swomee-Cisnes, con la garganta irritada por el aire contaminado, incapaces de cantar, obligados a volar lejos. Las fábricas del Once-ler escupían humo y baba, contaminando el aire y las aguas donde antes zumbaban los Humming-Fish. Los peces también tuvieron que marcharse, retorciendo y jadeando mientras buscaban arroyos más limpios.
Sin embargo, el Once-ler seguía cegado por su ambición y las montones de dinero cada vez mayores. "¡No quería hacer daño! ¡De verdad que no lo sabía!" insistió, incluso mientras el paisaje a su alrededor se volvía gris y desolado. Construyó su imperio cada vez más grande, convencido de que el progreso significaba crecimiento interminable, sin importar el coste medioambiental. Desestimó las advertencias del Lorax como simples "tonterías", centrándose únicamente en la producción de más y más Thneedes. El aire se espesó, el agua se volvió turbia y el bosque, antes vibrante, se redujo a tocones.
Luego llegó el inevitable silencio. El último árbol de Truffula fue talado. Sin más árboles, ya no quedaban Thneeds por fabricar, y las fábricas se paralizaron. La familia del Once-ler hizo las maletas y se marchó, dejándole solo entre los escombros que él mismo creó. El Lorax, con una mirada triste y el corazón pesado, se levantó por el asiento del pantalón y voló en silencio, dejando solo un pequeño montón de piedras con una sola palabra críptica grabada: "A MENOS QUE."
Durante años, el Once-ler reflexionó sobre esa palabra, solo en su morada en ruinas, rodeado de los fantasmas de su codicia. Por fin comprendió su profundo significado cuando llegó el joven, ansioso por escuchar su historia. "A MENOS que alguien como tú se preocupe muchísimo", explicó el Once-ler, "nada va a mejorar. No lo es."
Con un nuevo destello de esperanza, el Once-ler dejó caer la última semilla del Árbol Truffula en las manos del chico. Le encargó al niño la inmensa tarea de plantarlo, cuidarlo y hacer crecer un nuevo Bosque de Truffula, para que quizá, algún día, el Lorax y todas las criaturas pudieran regresar. Se dio cuenta de que el destino del mundo recae en quienes se preocupan lo suficiente como para actuar.
La historia del Once-ler comienza en una época en la que el mundo era fresco, antes del smog y la penumbra. Describe una tierra de gloriosos y brillantes árboles de Truffula, con penachos más suaves que la seda y con olor a dulce leche de mariposa. Allí, los Brown Bar-ba-loots jugaban a la sombra, comiendo frutos de Truffula, mientras los Swomee-Swans cantaban sus hermosas canciones y el Humming-Fish tarareaba en las aguas claras y frescas. Era un paraíso, intacto y vibrante. Pero entonces llegó el Once-ler, cautivado por los Árboles Truffula. Cortó la primera, descubriendo que su mechón podía tejer en una cosa maravillosa llamada Thneed - una prenda versátil, útil para casi cualquier cosa.
Apenas cayó el primer Árbol Truffula, una pequeña criatura naranja con un gran bigote asomó del tocón. Este era el Lorax, que hablaba por los árboles, porque los árboles no tenían lengua. Se enfrentó al Once-ler, con voz cortante y urgente, preguntando: "¡Señor! ¡Eres un bárbaro! ¿Por qué talarías este árbol?" Pero el Once-ler, lleno de emoción por su invento, desestimó las protestas del Lorax. Vendió su primer Thneed, luego otro, y pronto la demanda creció. Llamó a su familia, y llegaron en masa, montando fábricas, y la tala comenzó en serio.
Se inventó el Super-Axe-Hacker, que arrasó el Bosque Truffula con una velocidad aterradora. El Lorax regresó, sus súplicas cada vez más desesperadas. Mostró a los Once-ler los Brown Bar-ba-loots hambrientos, con el estómago vacío porque su fruto Truffula había desaparecido. Los envió a buscar comida en otro lugar, con el corazón pesado. Luego llegaron los Swomee-Cisnes, con la garganta irritada por el aire contaminado, incapaces de cantar, obligados a volar lejos. Las fábricas del Once-ler escupían humo y baba, contaminando el aire y las aguas donde antes zumbaban los Humming-Fish. Los peces también tuvieron que marcharse, retorciendo y jadeando mientras buscaban arroyos más limpios.
Sin embargo, el Once-ler seguía cegado por su ambición y las montones de dinero cada vez mayores. "¡No quería hacer daño! ¡De verdad que no lo sabía!" insistió, incluso mientras el paisaje a su alrededor se volvía gris y desolado. Construyó su imperio cada vez más grande, convencido de que el progreso significaba crecimiento interminable, sin importar el coste medioambiental. Desestimó las advertencias del Lorax como simples "tonterías", centrándose únicamente en la producción de más y más Thneedes. El aire se espesó, el agua se volvió turbia y el bosque, antes vibrante, se redujo a tocones.
Luego llegó el inevitable silencio. El último árbol de Truffula fue talado. Sin más árboles, ya no quedaban Thneeds por fabricar, y las fábricas se paralizaron. La familia del Once-ler hizo las maletas y se marchó, dejándole solo entre los escombros que él mismo creó. El Lorax, con una mirada triste y el corazón pesado, se levantó por el asiento del pantalón y voló en silencio, dejando solo un pequeño montón de piedras con una sola palabra críptica grabada: "A MENOS QUE."
Durante años, el Once-ler reflexionó sobre esa palabra, solo en su morada en ruinas, rodeado de los fantasmas de su codicia. Por fin comprendió su profundo significado cuando llegó el joven, ansioso por escuchar su historia. "A MENOS que alguien como tú se preocupe muchísimo", explicó el Once-ler, "nada va a mejorar. No lo es."
Con un nuevo destello de esperanza, el Once-ler dejó caer la última semilla del Árbol Truffula en las manos del chico. Le encargó al niño la inmensa tarea de plantarlo, cuidarlo y hacer crecer un nuevo Bosque de Truffula, para que quizá, algún día, el Lorax y todas las criaturas pudieran regresar. Se dio cuenta de que el destino del mundo recae en quienes se preocupan lo suficiente como para actuar.
Lo que dicen otros lectores
Lo bueno
Los críticos elogian abrumadoramente este libro por su profundo y profético mensaje ambiental, destacando su relevancia décadas después de su publicación inicial. Muchos destacan su excepcional capacidad para explorar temas complejos como el capitalismo, la codicia y la industrialización de una manera accesible para los niños, mientras ofrece lecciones sutiles para adultos. La historia es aclamada por su lenguaje imaginativo, sus ingeniosos juegos de palabras y sus personajes únicos que la hacen tanto atractiva como memorable. Los lectores suelen elogiar su poder para inculcar un sentido de cuidado por la naturaleza y una comprensión de las consecuencias de las acciones humanas en el planeta, llamándolo a menudo una de las piezas más conmovedoras de la literatura ambiental. Sus ilustraciones también destacan por transmitir eficazmente el arco emocional de la historia, pasando de vibrante a sombrío.
Lo malo
Aunque ampliamente celebrado, algunos críticos expresan reservas sobre el libro. Algunos encontraron la historia aburrida o sus palabras inventadas poco entretenidas, lo que sugiere que no cautivó a sus hijos tanto como otras obras. El estilo narrativo se describía ocasionalmente como "obvio" o demasiado exagerado en su mensaje ecológico, haciendo que se sintiera más como una lección directa que como un cuento caprichoso, un cambio respecto a la típica ligereza del Dr. Seuss. Además, algunos comentarios indican que el libro ha sido percibido como controvertido por ciertos públicos, que interpretan su crítica a la industrialización como una postura negativa sobre el desarrollo económico.
En resumen
A pesar de estas opiniones variadas, el libro es considerado en gran medida una contribución poderosa y esencial a la literatura infantil. Se recomienda encarecidamente tanto para niños como para adultos que aprecian historias con una brújula moral fuerte y un mensaje que invita a la reflexión sobre la gestión ambiental y el impacto del consumismo sin control. Los lectores que busquen un libro de Dr. Seuss que priorice una lección seria e impactante por encima de la pura tontería lo encontrarán especialmente gratificante, ya que fomenta la reflexión sobre la responsabilidad personal y la acción colectiva para proteger el mundo natural.
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