Ulises
de James Joyce
7.52 / 10 142 mil valoraciones
- Idioma
- Español
- Publicación
- 2016
- Editorial
- CreateSpace Independent Publishing Platform
- Páginas
- 586
- ISBN
- 9781536976687
Ulises, de James Joyce, es un hito de la literatura modernista que plasma con gran detalle la experiencia humana a lo largo de un solo día en Dublín. El 16 de junio de 1904, las vidas de Leopold Bloom, un agente publicitario, el aspirante a escritor Stephen Dedalus y la esposa de Bloom, Molly, se desarrollan con minucioso detalle. La novela sumerge al lector en sus pensamientos, percepciones y deambulares por las vibrantes calles y los rincones tranquilos de la ciudad.
A través de su innovadora narrativa en forma de flujo de conciencia y un rico tapiz de estilos literarios, Ulises transforma lo cotidiano en una exploración épica de la identidad, la alienación y las complejidades de la vida moderna. Invita a los lectores a adentrarse en las profundidades de la conciencia humana, desafiando la narrativa convencional para revelar lo profundo en lo mundano.
A través de su innovadora narrativa en forma de flujo de conciencia y un rico tapiz de estilos literarios, Ulises transforma lo cotidiano en una exploración épica de la identidad, la alienación y las complejidades de la vida moderna. Invita a los lectores a adentrarse en las profundidades de la conciencia humana, desafiando la narrativa convencional para revelar lo profundo en lo mundano.
Temas
Edición original
UlisesPublicado originalmente en 2009 Español LUMEN
Otras ediciones (33)
Amanece el 16 de junio de 1904 en Dublín, y en una torre Martello con vistas a Sandycove, Stephen Dedalus, un joven intelectual agobiado por la reciente muerte de su madre y sus propias frustraciones artísticas, se despierta. Soporta el ingenio burlón de su amigo, el estudiante de medicina Buck Mulligan, quien, junto con un conocido inglés, Haines, parece ensombrecer el ya melancólico espíritu de Stephen. Stephen, profesor de escuela, parte pronto hacia el colegio de chicos del señor Deasy, donde imparte una clase de historia y recibe su salario, junto con una carta del director, lleno de prejuicios, destinada a ser publicada en los periódicos locales. Su mente, un torrente de reflexiones filosóficas y alusiones literarias, deambula por Sandymount Strand, luchando con la percepción, la historia y la culpa por el último deseo de su madre.
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Leopold Bloom, un agente publicitario, comienza su día en su modesta casa del número 7 de Eccles Street. Prepara el desayuno, un riñón de cerdo, para él y té para su esposa, Molly Bloom, una cantante profesional. Sus pensamientos también divagan, una corriente suave que contrasta con el torrente turbulento de Stephen. Reflexiona sobre las tareas del día, su hija Milly, que se encuentra en Mullingar, y el silencioso dolor de su relación distanciada con Molly. Llega una carta de Martha Clifford, una mujer con la que mantiene una discreta correspondencia, lo que añade una sutil capa de complejidad a su mañana doméstica.
A medida que pasan las horas, Bloom se embarca en sus peregrinaciones diarias por Dublín. Asiste al funeral de su amigo Paddy Dignam, observando los rituales del duelo y a los diversos habitantes de la ciudad con una empatía aguda, aunque a menudo distante. Su recorrido le lleva a la redacción de un periódico, donde intenta poner un anuncio, y luego a un pub, donde se encuentra con una multitud bulliciosa y a menudo xenófoba, entre la que se encuentra «el ciudadano», quien le somete a crueles burlas debido a su ascendencia judía. Bloom, siempre un hombre compasivo y de modales suaves, se defiende antes de que un conocido comprensivo se lo lleve a toda prisa.
El camino de Stephen también serpentea por la ciudad, aunque sus encuentros están marcados por disputas intelectuales y una lucha interna constante con su identidad y su propósito artístico. Visita la Biblioteca Nacional, donde entabla una densa y especulativa discusión sobre Shakespeare y la paternidad, un tema que resuena profundamente con su propia búsqueda de una figura paterna simbólica y el silencioso anhelo de Bloom por un hijo tras la muerte de su bebé, Rudy. Los dos hombres, desconocidos entre sí, se cruzan por los pelos varias veces a lo largo del día, con sus trayectorias individuales aparentemente destinadas a converger.
Al caer la tarde, las entrañas de la ciudad se revelan en el caos alucinatorio de «Nighttown», el barrio rojo. Tanto Stephen como Bloom se ven arrastrados a esta fantasmagoría de deseos y ansiedades. Stephen, en un estupor alcohólico, rompe una lámpara y se ve envuelto en una pelea, mientras que Bloom, siempre protector, interviene, mostrando un heroísmo poco convencional arraigado en su profunda capacidad de empatía. En este paisaje surrealista, sus caminos finalmente se cruzan de manera significativa, y Bloom asume un papel paternal, guiando al desorientado Stephen lejos de más problemas.
Más tarde, en la tranquilidad del hogar de Bloom, los dos hombres comparten un momento de compañerismo, una taza de chocolate caliente y un entendimiento tácito. Bloom, a pesar de saber de la inminente infidelidad de Molly con Blazes Boylan, le ofrece a Stephen un lugar donde pasar la noche. Aunque Stephen finalmente lo rechaza, esta intimidad compartida marca una conexión profunda, un consuelo momentáneo en sus respectivas búsquedas de pertenencia y comprensión.
El día concluye con el famoso soliloquio de Molly Bloom, un torrente de conciencia extenso y sin puntuación que fluye a través de la oscuridad de su dormitorio. Sus pensamientos recorren su pasado, su infancia en Gibraltar, sus deseos actuales, su aventura con Boylan, sus recuerdos de Bloom, su matrimonio y las complejidades de su propia sensualidad. Reflexiona sobre su vida con una honestidad cruda y desinhibida, con la mente convertida en un vibrante tapiz de recuerdos, observaciones y afirmaciones. Su «sí» final y rotundo resume una profunda aceptación de la vida en todo su caótico y glorioso detalle, poniendo fin al épico viaje de este día cualquiera en Dublín.
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Leopold Bloom, un agente publicitario, comienza su día en su modesta casa del número 7 de Eccles Street. Prepara el desayuno, un riñón de cerdo, para él y té para su esposa, Molly Bloom, una cantante profesional. Sus pensamientos también divagan, una corriente suave que contrasta con el torrente turbulento de Stephen. Reflexiona sobre las tareas del día, su hija Milly, que se encuentra en Mullingar, y el silencioso dolor de su relación distanciada con Molly. Llega una carta de Martha Clifford, una mujer con la que mantiene una discreta correspondencia, lo que añade una sutil capa de complejidad a su mañana doméstica.
A medida que pasan las horas, Bloom se embarca en sus peregrinaciones diarias por Dublín. Asiste al funeral de su amigo Paddy Dignam, observando los rituales del duelo y a los diversos habitantes de la ciudad con una empatía aguda, aunque a menudo distante. Su recorrido le lleva a la redacción de un periódico, donde intenta poner un anuncio, y luego a un pub, donde se encuentra con una multitud bulliciosa y a menudo xenófoba, entre la que se encuentra «el ciudadano», quien le somete a crueles burlas debido a su ascendencia judía. Bloom, siempre un hombre compasivo y de modales suaves, se defiende antes de que un conocido comprensivo se lo lleve a toda prisa.
El camino de Stephen también serpentea por la ciudad, aunque sus encuentros están marcados por disputas intelectuales y una lucha interna constante con su identidad y su propósito artístico. Visita la Biblioteca Nacional, donde entabla una densa y especulativa discusión sobre Shakespeare y la paternidad, un tema que resuena profundamente con su propia búsqueda de una figura paterna simbólica y el silencioso anhelo de Bloom por un hijo tras la muerte de su bebé, Rudy. Los dos hombres, desconocidos entre sí, se cruzan por los pelos varias veces a lo largo del día, con sus trayectorias individuales aparentemente destinadas a converger.
Al caer la tarde, las entrañas de la ciudad se revelan en el caos alucinatorio de «Nighttown», el barrio rojo. Tanto Stephen como Bloom se ven arrastrados a esta fantasmagoría de deseos y ansiedades. Stephen, en un estupor alcohólico, rompe una lámpara y se ve envuelto en una pelea, mientras que Bloom, siempre protector, interviene, mostrando un heroísmo poco convencional arraigado en su profunda capacidad de empatía. En este paisaje surrealista, sus caminos finalmente se cruzan de manera significativa, y Bloom asume un papel paternal, guiando al desorientado Stephen lejos de más problemas.
Más tarde, en la tranquilidad del hogar de Bloom, los dos hombres comparten un momento de compañerismo, una taza de chocolate caliente y un entendimiento tácito. Bloom, a pesar de saber de la inminente infidelidad de Molly con Blazes Boylan, le ofrece a Stephen un lugar donde pasar la noche. Aunque Stephen finalmente lo rechaza, esta intimidad compartida marca una conexión profunda, un consuelo momentáneo en sus respectivas búsquedas de pertenencia y comprensión.
El día concluye con el famoso soliloquio de Molly Bloom, un torrente de conciencia extenso y sin puntuación que fluye a través de la oscuridad de su dormitorio. Sus pensamientos recorren su pasado, su infancia en Gibraltar, sus deseos actuales, su aventura con Boylan, sus recuerdos de Bloom, su matrimonio y las complejidades de su propia sensualidad. Reflexiona sobre su vida con una honestidad cruda y desinhibida, con la mente convertida en un vibrante tapiz de recuerdos, observaciones y afirmaciones. Su «sí» final y rotundo resume una profunda aceptación de la vida en todo su caótico y glorioso detalle, poniendo fin al épico viaje de este día cualquiera en Dublín.
Todavía no hay reseñas. ¿Escribes la primera?





