What If? Serious Scientific Answers to Absurd Hypothetical Questions
8.28 / 10 201 mil valoraciones
- Idioma
- Inglés
- Publicación
- 2014
- Editorial
- Houghton Mifflin Harcourt
- Páginas
- 303
- ISBN
- 9780544272996
¿Alguna vez te has preguntado qué pasaría si intentaras lanzar una pelota de béisbol al 90 por ciento de la velocidad de la luz o si la Tierra dejara de girar repentinamente? Randall Munroe, creador del popular webcomic xkcd y antiguo especialista en robótica de la NASA, nos ofrece una colección de respuestas exhaustivamente investigadas a las preguntas importantes que probablemente nunca te habías planteado. Utilizando simulaciones por ordenador, notas militares desclasificadas y una física compleja, Munroe aborda escenarios hipotéticos absurdos con una precisión científica y un ingenio característico, revelando lo que realmente sucedería en situaciones que van desde lo más extraño hasta el final del mundo.
Cada pregunta se explora con claridad y humor, y a menudo va acompañada de cómics sencillos con figuras de palitos que se han convertido en la marca registrada de Munroe. El libro no solo ofrece respuestas, sino que se embarca en un viaje intelectual que desglosa problemas complejos y explora sus consecuencias, a menudo catastróficas, pero siempre fascinantes. Es una exploración accesible y entretenida de la ciencia que explica las leyes del universo de una manera que satisfará a los más curiosos y a todos los que les guste reflexionar sobre lo extraño e improbable.
Cada pregunta se explora con claridad y humor, y a menudo va acompañada de cómics sencillos con figuras de palitos que se han convertido en la marca registrada de Munroe. El libro no solo ofrece respuestas, sino que se embarca en un viaje intelectual que desglosa problemas complejos y explora sus consecuencias, a menudo catastróficas, pero siempre fascinantes. Es una exploración accesible y entretenida de la ciencia que explica las leyes del universo de una manera que satisfará a los más curiosos y a todos los que les guste reflexionar sobre lo extraño e improbable.
Temas
- Comics & Graphic Novels
- Reference
- Literature & Fiction
- Subjects
- Science & Math
- Essays
- Mathematics
- Humor
- Essays & Correspondence
- Humor & Entertainment
- Fiction
- Graphic Novels
- Science
- Satire
- Chemistry
- Social Science
- SCIENCE
- Physics
- Parodies
- Physical & Earth Sciences
- School & Education
- Form
- Jokes & Riddles
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- Games & Activities
- Adult
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- Physical & Theoretical
- Topic
- Astrophysics
- Comic Strips & Cartoons
- Nuclear
- Educational & Nonfiction
- Applied Sciences
- Recreations & Games
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- What If? 10th Anniversary Edition Serious Scientific Answers to Absurd Hypothetical Questions

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Dicen que no hay preguntas estúpidas, pero eso es obviamente falso. Aun así, intentar responder a fondo a una pregunta estúpida puede llevarte a lugares muy interesantes. Comienza con una simple curiosidad, un juguetón "¿y si...?", y luego las matemáticas toman el relevo, conduciendo por caminos de especulación deliciosa y a menudo catastrófica. Es un viaje que no empieza con grandes teorías, sino con el tipo de preguntas que un niño de cinco años podría hacerse sobre si hay más cosas duras o blandas en el mundo.
¿Qué pasaría si la Tierra y todo lo que hay en ella dejaran de girar de repente, pero la atmósfera mantuviera su velocidad de mil millas por hora? La respuesta es que casi todo el mundo moriría, y entonces las cosas se pondrían interesantes. Un viento supersónico azotaría la superficie del planeta, reduciendo prácticamente todas las estructuras humanas a ruinas. En Boston, los vientos serían el doble de fuertes que un tornado, arrancando los rascacielos de sus cimientos. Cualquiera que quedara atrapado en la superficie sería pulverizado por los escombros voladores. Los únicos supervivientes serían los que se encontraran bajo tierra, en los túneles del metro o en los búnkeres científicos, y los investigadores del Polo Sur, que se darían cuenta del problema cuando el mundo exterior enmudeciera por completo.
Las consecuencias serían aún más extrañas. La fricción del viento generaría una explosión de calor global que desencadenaría tormentas eléctricas y convertiría los océanos en una mezcla caótica de agua pulverizada y helada. El ciclo día-noche terminaría, dejando que una mitad del planeta se cociera durante seis meses mientras la otra se congelaba. Y sin embargo, nuestra fiel compañera, la Luna, empezaría a tirar suavemente de la silenciosa Tierra, su gravedad lenta y pacientemente, iniciando el giro de nuestro mundo una vez más.
Consideremos otro escenario: una pelota de béisbol lanzada a un 90% de la velocidad de la luz. Las moléculas de aire en su trayectoria no tendrían tiempo de apartarse. La pelota chocaría contra ellas con tanta fuerza que sus átomos se fundirían, liberando una ráfaga de rayos gamma. Una burbuja de plasma incandescente se extendería hacia el bateador, sólo un poco por delante de la pelota. Para cuando llegara a la base -apenas 70 nanosegundos después-, la pelota sería una nube de partículas en desintegración. Golpearía el bate, al bateador y al receptor, llevándolos a todos hacia atrás mientras se vaporizaban. Desde lo alto de una colina a las afueras de la ciudad, se vería una luz cegadora, seguida de un hongo nuclear. Todo en una milla a la redonda sería arrasado. La regla 6.08(b) de las Grandes Ligas de Béisbol sugiere que el bateador sería considerado "golpeado por el lanzamiento" y podría avanzar a primera base.
Algunas preguntas tienen menos que ver con la destrucción explosiva y más con el miedo invisible y sigiloso. ¿Qué pasaría si te bañaras en una piscina de combustible nuclear gastado? Suponiendo que seas un buen nadador, podrías permanecer en el agua durante horas. El agua es un excelente escudo contra la radiación. Mientras te mantengas cerca de la superficie, podrías recibir una dosis de radiación inferior a la que recibirías paseando por la calle. El peligro viene de bucear. Si nadas hasta el fondo y tocas uno de los bidones de combustible fresco, recibirás una dosis mortal. Pero mientras no bucees a gran profundidad ni cojas ningún tubo metálico extraño que encuentres por ahí, probablemente no te pasaría nada. Cuando le pregunté a un amigo que trabaja en un reactor de investigación qué pasaría, se lo pensó un momento. "¿En nuestro reactor?", me dijo. "Morirías muy rápido, antes de llegar al agua, por heridas de bala".
Las preguntas también pueden arrastrarte a través de la inmensidad del tiempo. Métete en una máquina del tiempo en Times Square y retrocede 1.000 años, y te encontrarás en un bosque de castaños y robles, acechado por lobos y pumas. Retroceda 100.000 años, y podría encontrarse con el terrorífico oso de cara corta o el gato dientes de sable. Mil millones de años después, llegarías al supercontinente de Rodinia, un mundo sin plantas ni animales, donde las algas verdeazuladas bombeaban oxígeno tóxico a la atmósfera, desencadenando la mayor extinción de la historia. ¿Y dentro de un millón de años? Los glaciares habrán avanzado de nuevo, convirtiendo nuestras ciudades en polvo. Nuestra reliquia más duradera será probablemente una capa fina y fuera de lugar de hidrocarburos procesados: los fragmentos fosilizados de nuestras botellas de champú y bolsas de la compra.
A veces, un simple juego de palabras puede conducir al horror a escala planetaria. ¿Qué pasaría si reuniéramos un topo (la unidad de medida) de topos (el bicho peludo)? Eso son 6,022 x 10²³ animales. Su masa combinada sería más de la mitad de la de la Luna. Unidos por la gravedad en el espacio profundo, formarían una esfera de carne, un nuevo planeta con una gravedad superficial como la de Plutón. La presión en el interior sería lo suficientemente alta como para matar todas las bacterias, esterilizando los restos lunares. Cerca de la superficie, la descomposición anaeróbica generaría calor y metano, que estallarían en géiseres de muerte, lanzando los cuerpos de los topos al espacio. Finalmente, el planeta se enfriaría y se congelaría, un monumento silencioso y peludo a una idea terrible.
Desde construir una mochila propulsora con ametralladoras que disparan hacia abajo hasta calcular la dosis letal de neutrinos de una supernova cercana, el universo está lleno de posibilidades fascinantes. Explorarlas revela la hermosa, extraña y a menudo aterradora coherencia de las leyes de la física. Nos muestran que si se deja caer un filete desde la órbita, quedará chamuscado por fuera pero crudo por dentro, y que si todos los habitantes de la Tierra saltaran a la vez, el planeta no se movería, pero nuestra civilización se colapsaría al encontrarse siete mil millones de personas varadas en Rhode Island. El mundo es un lugar maravilloso, y es aún más maravilloso cuando aplicas un poco de matemáticas.
¿Qué pasaría si la Tierra y todo lo que hay en ella dejaran de girar de repente, pero la atmósfera mantuviera su velocidad de mil millas por hora? La respuesta es que casi todo el mundo moriría, y entonces las cosas se pondrían interesantes. Un viento supersónico azotaría la superficie del planeta, reduciendo prácticamente todas las estructuras humanas a ruinas. En Boston, los vientos serían el doble de fuertes que un tornado, arrancando los rascacielos de sus cimientos. Cualquiera que quedara atrapado en la superficie sería pulverizado por los escombros voladores. Los únicos supervivientes serían los que se encontraran bajo tierra, en los túneles del metro o en los búnkeres científicos, y los investigadores del Polo Sur, que se darían cuenta del problema cuando el mundo exterior enmudeciera por completo.
Las consecuencias serían aún más extrañas. La fricción del viento generaría una explosión de calor global que desencadenaría tormentas eléctricas y convertiría los océanos en una mezcla caótica de agua pulverizada y helada. El ciclo día-noche terminaría, dejando que una mitad del planeta se cociera durante seis meses mientras la otra se congelaba. Y sin embargo, nuestra fiel compañera, la Luna, empezaría a tirar suavemente de la silenciosa Tierra, su gravedad lenta y pacientemente, iniciando el giro de nuestro mundo una vez más.
Consideremos otro escenario: una pelota de béisbol lanzada a un 90% de la velocidad de la luz. Las moléculas de aire en su trayectoria no tendrían tiempo de apartarse. La pelota chocaría contra ellas con tanta fuerza que sus átomos se fundirían, liberando una ráfaga de rayos gamma. Una burbuja de plasma incandescente se extendería hacia el bateador, sólo un poco por delante de la pelota. Para cuando llegara a la base -apenas 70 nanosegundos después-, la pelota sería una nube de partículas en desintegración. Golpearía el bate, al bateador y al receptor, llevándolos a todos hacia atrás mientras se vaporizaban. Desde lo alto de una colina a las afueras de la ciudad, se vería una luz cegadora, seguida de un hongo nuclear. Todo en una milla a la redonda sería arrasado. La regla 6.08(b) de las Grandes Ligas de Béisbol sugiere que el bateador sería considerado "golpeado por el lanzamiento" y podría avanzar a primera base.
Algunas preguntas tienen menos que ver con la destrucción explosiva y más con el miedo invisible y sigiloso. ¿Qué pasaría si te bañaras en una piscina de combustible nuclear gastado? Suponiendo que seas un buen nadador, podrías permanecer en el agua durante horas. El agua es un excelente escudo contra la radiación. Mientras te mantengas cerca de la superficie, podrías recibir una dosis de radiación inferior a la que recibirías paseando por la calle. El peligro viene de bucear. Si nadas hasta el fondo y tocas uno de los bidones de combustible fresco, recibirás una dosis mortal. Pero mientras no bucees a gran profundidad ni cojas ningún tubo metálico extraño que encuentres por ahí, probablemente no te pasaría nada. Cuando le pregunté a un amigo que trabaja en un reactor de investigación qué pasaría, se lo pensó un momento. "¿En nuestro reactor?", me dijo. "Morirías muy rápido, antes de llegar al agua, por heridas de bala".
Las preguntas también pueden arrastrarte a través de la inmensidad del tiempo. Métete en una máquina del tiempo en Times Square y retrocede 1.000 años, y te encontrarás en un bosque de castaños y robles, acechado por lobos y pumas. Retroceda 100.000 años, y podría encontrarse con el terrorífico oso de cara corta o el gato dientes de sable. Mil millones de años después, llegarías al supercontinente de Rodinia, un mundo sin plantas ni animales, donde las algas verdeazuladas bombeaban oxígeno tóxico a la atmósfera, desencadenando la mayor extinción de la historia. ¿Y dentro de un millón de años? Los glaciares habrán avanzado de nuevo, convirtiendo nuestras ciudades en polvo. Nuestra reliquia más duradera será probablemente una capa fina y fuera de lugar de hidrocarburos procesados: los fragmentos fosilizados de nuestras botellas de champú y bolsas de la compra.
A veces, un simple juego de palabras puede conducir al horror a escala planetaria. ¿Qué pasaría si reuniéramos un topo (la unidad de medida) de topos (el bicho peludo)? Eso son 6,022 x 10²³ animales. Su masa combinada sería más de la mitad de la de la Luna. Unidos por la gravedad en el espacio profundo, formarían una esfera de carne, un nuevo planeta con una gravedad superficial como la de Plutón. La presión en el interior sería lo suficientemente alta como para matar todas las bacterias, esterilizando los restos lunares. Cerca de la superficie, la descomposición anaeróbica generaría calor y metano, que estallarían en géiseres de muerte, lanzando los cuerpos de los topos al espacio. Finalmente, el planeta se enfriaría y se congelaría, un monumento silencioso y peludo a una idea terrible.
Desde construir una mochila propulsora con ametralladoras que disparan hacia abajo hasta calcular la dosis letal de neutrinos de una supernova cercana, el universo está lleno de posibilidades fascinantes. Explorarlas revela la hermosa, extraña y a menudo aterradora coherencia de las leyes de la física. Nos muestran que si se deja caer un filete desde la órbita, quedará chamuscado por fuera pero crudo por dentro, y que si todos los habitantes de la Tierra saltaran a la vez, el planeta no se movería, pero nuestra civilización se colapsaría al encontrarse siete mil millones de personas varadas en Rhode Island. El mundo es un lugar maravilloso, y es aún más maravilloso cuando aplicas un poco de matemáticas.
Lo que dicen otros lectores
Lo bueno
El libro de Randall Munroe ha sido ampliamente elogiado como una lectura sumamente entretenida y cautivadora que combina con soltura el humor con la investigación científica seria. Los críticos destacan constantemente su ingenio, ingenio y la notable capacidad del autor para simplificar conceptos científicos complejos, haciéndolos accesibles incluso para quienes no suelen estar interesados en la ciencia. Muchos encontraron el libro sorprendentemente fácil de leer y difícil de soltar, devorándolo de una sentada o en pocos días, una hazaña poco común en la no ficción. El tono distintivo, el humor hilarante e inexpresivo y las ilustraciones con monigotes son frecuentemente elogiados por enriquecer la experiencia de lectura y provocar risas genuinas. Los lectores aprecian cómo el libro aborda preguntas hipotéticas absurdas y utiliza el rigor científico para explorarlas, convirtiendo temas potencialmente exigentes en un viaje divertido e informativo.
Lo malo
A pesar del disfrute generalizado, algunos lectores encontraron el formato del libro más adecuado para una lectura informal que para una lectura continua, lo que sugiere que consumir demasiados escenarios hipotéticos a la vez podría resultar repetitivo o molesto. Algunos críticos consideraron que ciertas preguntas eran absurdas o daban lugar a respuestas demasiado complicadas que les hacían perder el interés. Otro punto de discordia para algunos fue la frecuente exploración del libro de escenarios con consecuencias mortales, destructivas o apocalípticas, lo que un grupo de lectores encontró perturbador o ansioso en lugar de humorístico. Si bien las explicaciones científicas son generalmente elogiadas, un pequeño número de lectores ocasionalmente encontraron los detalles técnicos abrumadores o que el enfoque en lo absurdo a veces eclipsaba respuestas verdaderamente interesantes e informativas.
En resumen
En general, el libro se recomienda ampliamente como una exploración única y encantadora de la ciencia a través de hipótesis extremas. Se considera una lectura obligada para los fans del webcómic XKCD de Randall Munroe, así como para geeks, entusiastas de la ciencia y cualquiera que aprecie una mezcla de humor, ingenio y curiosidad intelectual. El libro atrae especialmente a los lectores que disfrutan de las preguntas imaginativas y de aprender sobre el mundo a través de explicaciones científicas poco convencionales y entretenidas. Si bien algunos pueden preferir sumergirse en él en lugar de leerlo de principio a fin, su capacidad para hacer que la ciencia sea divertida y despertar asombro lo convierte en una opción ideal para mentes curiosas, incluidos los lectores más jóvenes, que buscan una experiencia de no ficción interesante y que invite a la reflexión.
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