El mundo despierta en silencio y transformado, cubierto por una nieve profunda y prístina que cayó silenciosamente durante la noche. Un niño llamado Peter, con su cómodo pijama, mira por la ventana y ve las calles de la ciudad cubiertas de un blanco deslumbrante, un lienzo intacto esperando su marca. Después del desayuno, poniéndose su brillante mono de nieve rojo, sale con entusiasmo, siendo el primero en pisar la fresca y brillante extensión.
Crujido, crujido, crujido sus pies, dejando las primeras huellas en la nieve lisa y profunda. Experimenta, caminando con los dedos apuntando hacia afuera, luego con los dedos apuntando hacia dentro, creando un rastro en zigzag de descubrimiento. Un palo largo se convierte en su compañero, perfecto para tirar la nieve de un árbol, viéndola caer con un suave soplo. Arrastra el palo, trazando una línea en la nieve, un acto sencillo lleno de una inmensa satisfacción.
Peter entonces descubre la alegría de dar forma a la nieve. Construye un muñeco de nieve, dándole botones en los ojos y una zanahoria en la nariz. Se tumba y agita brazos y piernas, dejando tras de sí la huella perfecta de un ángel de nieve. Imaginándose a sí mismo un explorador audaz, finge ser un alpinista, escalando las altas cumbres nevadas que se apilan a su alrededor.
Más tarde, se encuentra con niños más grandes en una animada guerra de bolas de nieve. Considera unirse a ellos, pero sabiamente decide no hacerlo cuando una bola de nieve perdida roza por poco su paso. Antes de volver a entrar, una idea ingeniosa le viene a la mente: guarda una bola de nieve perfecta y la guarda con cuidado en el bolsillo, un tesoro que guardar.
Una vez en casa, el calor de su casa le envuelve. Se da un baño largo y cálido, reflexionando sobre las aventuras del día. Pero mientras se prepara para dormir, recuerda su bola de nieve en el bolsillo. Para su desgracia, solo encuentra un pequeño charco donde antes estaba su frío y redondo tesoro. La maravilla del día da paso poco a poco a la silenciosa decepción de un recuerdo derretido.
Sin embargo, los sueños le llevan durante la noche, llenos de visiones del sol derritiendo toda la nieve. Pero cuando llega la mañana, Pedro despierta con una visión gloriosa: ¡ha caído más nieve! El mundo exterior vuelve a ser fresco y blanco, prometiendo nuevas aventuras. Llama a un amigo al otro lado del pasillo, y juntos salen al renovado paisaje nevado, listos para explorar la magia de nuevo.